Aguas revueltas

Es curioso cuando abrimos el baúl de los recuerdos y encontramos aquello que anhelamos. Esos momentos que nos hacían soñar. Aquellos otros que motivaban a sonreir. Allí, por ejemplo, está guardado el primer partido de Miguel Ángel Ramis como entrenador de los rojiblancos. Fue en la jornada treinta, frente al Levante. El Almería perdió pese al buen encuentro realizado. No hubo nada que reprochar y la imagen dada invitaba a soñar con un final calmado.

Turbias. Pestilentes. Con olor a Segunda División B. UD Almería, el oleaje y las aguas revueltas están aquí. La imagen ofrecida ante el Getafe es nefasta. Sin espíritu ganador. Sin ambición. Sin el compromiso de algunos jugadores. Sin esfuerzo por salvar la categoría. Por regalar una jornada de tranquilidad a una afición que no merece esta situación deportiva. Por dar una alegría a los valientes que se desplazaron al sur de Madrid a ver a su equipo. En definitiva, una disculpa a los que animaron creyendo que serían compensados.

El color es negro. El aire que las rodea es tóxico. Ahora bien, ¿quién soporta tanto tiempo algo que no es potable y que, en ocasiones, provoca estados de ánimo poco alentadores? Todo en la vida tiene un punto de partida y un final. Hay que comenzar a tirar por el desagüe aquello que no favorece la claridad, la fluidez en el juego y la transparencia de un vestuario que debe ser cristalino, un equipo.

El próximo sábado en el Juegos del Mediterráneo será de infarto. No es un partido cualquiera. Se trata de una final. Donde el presente y el futuro del club están más unidos que nunca. El Almería depende de sí mismo para salvar la categoría ante un Reus que viaja con los deberes hechos. Eso sí, un fallo y las aguas serán mucho más revueltas.

Juan José Hernández
Estudiante de periodismo en la Universidad de Málaga. Ragoleño por el mundo y embajador almeriense.

Aguas revueltas

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