Sin motivos para la ilusión

He de reconocer que, a tenor de lo vivido en los primeros 20 minutos del encuentro ante el CF Reus, carecía de motivos para la decepción. La UD Almería apareció sobre el terreno de juego aparentando afrontar el duelo concentrado, vivo, solidario en el esfuerzo, generoso en la presión en campo rival. Las ocasiones escaseaban más la sensación de dominio era evidente. Pozo aparentaba inspiración y se mostraba eléctrico en sus acciones, algo que siempre augura buenas pinceladas de fútbol. Sin embargo, con el gol de Borja Fernández todo aquello que había experimentado desapareció de un plumazo.

Paulatinamente, la concentración parecía desaparecer, las ideas escasear, la coordinación e intensidad en la presión descender, la solidaridad entre las piezas menguar. El dominio persistía, aunque con el paso de los minutos cada vez se hacía más evidente que aquello era consecuencia de la concesión de un rival cuya estrategia estaba definida, ceder el balón al rival y replegar defensivamente, en una faceta en la que el conjunto catalán se siente como pez en el agua. Si, además, su rival escasea en la creación y especialmente en los movimientos de ruptura y desmarques que permitan generar las situaciones de peligro, un equipo como el Reus jamás sufrirá para no encajar un tanto en la portería de un meta extraordinario como Edgar Badía.

Coincido prácticamente de pleno en el análisis de Luis Miguel Ramis en el post partido. El equipo dominó, llevo el peso del partido,. De inicio por superioridad, tras el gol por concesión rival, pero si algo se puede extraer de las declaraciones del técnico es la falta o ausencia de convicción y si lo hacemos del partido, concluiremos que carecemos de pólvora. El partido de Juan Muñoz no encuentra calificativos posibles que puedan tornar en esperanza, y es que el delantero demostró carecer de las fortalezas propias de un delantero y poseerlas todas para llevar la desesperación a una grada y una afición que terminó desquiciada con un futbolista que solo entraba en contacto con el balón cuando se encontraba en posición de fuera de juego, lo cual ocurrió en demasiadas ocasiones.

Tuve la sensación de estar viendo a uno de los futbolistas con mayor clase de la categoría durante muchos minutos, un José Ángel Pozo que se esmeraba constantemente en recibir, encarar y buscar ese pase de gol que tiene en sus botas en cada acción y que no encontraba jamás la complicidad de sus compañeros en el desmarque, en el ofrecimiento. Mandi y Alcaraz no terminan de encontrar su espacio en la creación y esto también lo nota el equipo, que echa en falta a Tino Costa, que añora a un Quique que sin ser un especialista aportaba todo el gol y la lucha que se muestran ausentes con Muñoz y Caballero.

En situaciones como la actual, la afición o la prensa se esmeran en encontrar culpables y señalarlos, como si con dicha actitud encontrásemos el foco del problema y con ello la posible solución. Si nos centramos en el entrenador, encontraremos detractores y también defensores. Habría que preguntarse cuántos entrenadores han pasado en las últimas temporadas por el banquillo almeriense terminando señalados como culpables. Ninguno vale, todos focalizan la sombra de la sospecha. Podemos fijar la mirada en la dirección deportiva, quizá en el Presidente, o incluso en un aspecto más global del funcionamiento como club. Quizá todas tengan parte de razón, tal vez ninguna. Podría ser que el problema sea la confección de una plantilla que en ningún caso carece de calidad, quizá si de otros aspectos como puedan ser el compromiso o incluso de planificación por puestos.

Sin embargo, y a estas alturas de la temporada, difícil solución tienen los errores que se cometieron de inicio. El equipo tiene lo que tiene, da lo que da, y si alguna fortaleza se puede hallar la misma estará en la unión de todos los estamentos en pro de contribuir a mejorar la dinámica. No podemos exigir categoría de plata si no mostramos ser una afición de plata. El equipo debe hacerse fuerte en casa y la mejor forma de lograrlo estriba en crear una comunión y un ambiente mutuo de colaboración, grada y equipo conjurados para lograr objetivos cortos. Es cierto que nos encontramos sin motivos para la ilusión, no lo es menos que podemos contribuir a recobrarla..

JM Capel
Redactor y CM del medio digital Sphera Sports. Especialista en Segunda División.

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