Cura de humildad

Existe una licencia totalmente prohibida en Segunda División. No se debe conceder: la relajación. Esta es la competición de la igualdad, y si lo es precisamente se debe a que la intensidad y el esfuerzo no se negocian. Sobre ello vertía mis líneas la pasada semana. Sobre la importancia de mantener los pies en el suelo y caminar pasito a paso. De qué ‘ni tanto ni tan calvo’, ni tan malos éramos en pretemporada, ni tan buenos hace una semana ni nuevamente tan pésimos a pesar de la imagen que ofrecimos el sábado ante la SD Huesca. La derrota fue abultada, algo que solo suele ocurrir cuando la intensidad y el esfuerzo no está a la altura de lo mínimamente exigido.

La sensación que transmitió el equipo fue de inseguridad en la salida de balón, de desconfianza en sus posibilidades futbolísticas, de incapacidad para generar fútbol, para encontrar la forma de sobrepasar al equipo rival. De desánimo, desconfianza, pero lo más preocupante, de inferioridad física, desgana y negociación del esfuerzo. La SD Huesca no fue sino aquello que se esperaba, lo que advertimos en la previa: un equipo conjuntado, equilibrado especialmente en el centro del campo y con peligro por la velocidad de su línea de ataque, con Melero, Vadillo y ‘Cucho’ convertidos en puñales. No hubo nada nuevo y el equipo almeriense no dispuso de recursos para contrarrestar las armas oscenses. Porque no tuvo alma. ¿Quizá el equipo se dejó contaminar y pensó disponer de una superioridad suficiente para pensar que se puede competir sin necesidad de superar o igualar al rival en intensidad?

Solo cabe esperar que tanto el equipo como Ramis hayan captado el mensaje que trae consigo la derrota. La intensidad, solidaridad y esfuerzo colectivos no se negocian ya que, en su ausencia, como tantos equipos en la categoría, nos convertimos en un equipo vulgar. Una cura de humildad que deberá servir para tomar conciencia y corregir pecados imperdonables.

El destino ofrece a la UD Almería la ocasión de redimirse sin apenas tiempo para lamentaciones ni depresiones. Nos espera una jornada intersemanal en la que Vallecas aguarda. Un equipo que ya mejoró ostensiblemente la pasada temporada con la llegada de Michel, tal como ocurrió con Ramis en Almería. La continuidad de un técnico que conoce la casa a la perfección ha resultado beneficiosa para un Rayo que mantiene la base de la pasada campaña a la que ha añadido pequeños retoques que le convierten en un equipo más sólido. Perfecto ejemplo encontramos en el centro de la defensa, con Emiliano Velázquez acompañando a un experimentado Dorado. El doble pivote se ha consolidado con dos futbolistas jóvenes pero con un máster en Segunda realizado la pasada temporada. Son Fran Beltrán y Santi Comesaña, que han relegado al banquillo a todo un capitán como Roberto Trashorras. Pero sin duda el mayor peligro franjirrojo se focaliza en su tridente ofensivo, al que se han sumado dos consumados goleadores como Óscar Trejo y Raúl de Tomás, que junto a Adrián Embarba deberán ser especialmente vigilados por la zaga almeriense para tener opciones de obtener algo positivo en Vallecas. De no ser así, volveremos a mirar con mayor cercanía las posiciones de peligro y pronto el prometedor arranque se podría convertir en espejismo.

JM Capel
Redactor y CM del medio digital Sphera Sports. Especialista en Segunda División.

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