Estadio rojiblancamente gris

Que nada, el pájaro negro que sobrevuela y no se va. Otra vez, lo sé. Me agoto yo mismo. ¡Qué gris está el estadio! Hace unos años fui al Coliseo Alfonso Pérez para gastar un viernes noche en sufrir un partido de la UDA en Primera. Lo que más me sorprendió de aquella visita fue que la grada ni coreaba los nombres de los suyos al sonar la alineación en megafonía. “Al menos allí sí lo hacemos”, me repetía constantemente en mi cabeza.

Eran otros tiempos. Entonces, Grada Joven crecía cual setas en época de lluvia en la cara norte de Sierra Nevada y el estadio transmitía un calorcito que acompañaba gustosamente algún que otro bodrio. Ahora, ni eso. A pesar de que el Almería nos ha dado un par de partidos -Lugo y Nástic- con emoción y, yo diría, competitividad.

Que se ha muerto el ambiente. La culpa debe ser de todos, ya está bien de mirar siempre hacia fuera. Que nosotros estamos ahí, en la grada, y no movemos las manos nada más que para comer pipas. Así que a cada cual su responsabilidad. Lo de los aledaños; oscuros, fríos, sin puestos de camisetas o bufandas, sí que es responsabilidad del de siempre. Que tenemos menos ganas que de vivir que un pañuelo en primavera.

Alejandro Asensio
Alejandro es maestro de Educación Física con una enorme vocación periodística. También colabora en Radio Marca Almería y Diario UDA.

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