Destruye

Es el mensaje. Quizá a Soriano le mola esa canción de Ilegales porque la segunda persona singular del imperativo del verbo destruir es lo que manda en la UD Almería, con una nueva locUDA vivida en Zaragoza. Lo del domingo pasado ante el colista fue evidentemente un espejismo, ya incluso desde la propuesta de la alineación. Si José Ángel no merecía jugar tras sustituir más que dignamente a Corona y primaba la vuelta de Vélez pues el asunto del juego iba a ser ese, destruir. Por mucho que el técnico diera ante las cámaras justo antes del inicio la arenga “somos valientes”, una auténtica contradicción.

Esa cobardía, en cierto modo lógica, de apuntalar una defensa insegura con dos pivotes defensivos es la que luego te priva de jugar, de atacar. Y así, queridos, estamos perdidos. Porque fiamos todo a un Pozo que ni es Messi ni es tan factor sorpresa ni tiene muchos socios más allá de Puertas, que tampoco puede hacer mucho la guerra por su cuenta porque también lo tienen vigilado. Con Quique más sólo que la una en un puesto que sigue sin ser el suyo y Fidel desaparecido en combate, el panorama es desolador.

¿Qué nos queda? Pues eso, un Casto que en la medida de sus posibilidades nos puede mantener vivos, un Joaquín que tampoco es Beckenbauer y que también se contagia de la mediocridad, como lo hacen jugadores más contrastados: Ximo o Morcillo están lejos de su mejor nivel, Trujillo sigue a años luz de ser el central solvente que fue y Nano, el mejor defensa que tenemos, debe multiplicarse para hacer su trabajo y el del resto. Sin nadie que construya juego, podemos pasar del medio a chispazos pero se hace difícil crear peligro, más aún con todo lo expuesto antes. Para colmo, los delanteros reservas ni están ni se les espera. Pero podemos seguir poniendo excusas y decir que las críticas son también destructivas. Destruye, destruye, destruye…

30/10/2016